lunes, agosto 10, 2009

Ultimo dia en Israel

Estaba en Rishon. En la casa del primo Tito. En esa misma ciudad vive tambien mi amigo Alan el cual me junte a desayunar para despedirme despues. Nada parecia que iba a salirse de los planes, pero en realidad, el verdadero plan es que salga todo distinto a lo planeado.

Cafe en Aroma, una importante cadena de barcitos. Mi primer cafe en medio oriente fue ahi, el ultimo tambien. Siempre que voy ahi me pido el especial, osea, el cafe que se prepara con espuma, crema, chocolate, chispitas de chocolate, fuegos articificiales y un enano bañado en caramelo que te lo lleva a la mesa subido a una bicicleta que hace ruidos cuando se pedalea. Hasta ahi, sin problemas, todo se cumplia segun el pacto que tenes que hacer con el Diablo para poder tomar esa delicia, sin embargo, como ya le anticipe, la persona que me preparo el cafe, no tuvo mejor idea que tirar un chocolatin de esos que acompañan a todos los pedidos adentro del cafe.

Cada vez que estoy apunto de terminar, agarro la cuchara y empiezo a llevarme a la boca el chocolate derretido a la boca (si, dos veces a la boca, es espectacular). En una cucharada, empece a bañarme la lengua de dulzura, cuando siento algo raro. Pense que era una ciruela, juro que pense que era una ciruela, pero era el envoltorio del chocolatin. Jodido estaba.

Alan habla hebreo como si fuera Jesus, porque Jesus hablaba Hebreo, no latin o castellano, o quizas ingles, por eso le dije que hable por mi pero no hizo falta. Le mostre a la cajera el papel y me regalo dos facturas super hiper gigantes del tamaño de... de... Iran. SI! de IRAN! Entonces, despues dijo: Rega. Y espere. Espere un segundo, dos, tres y cuatro, entonces me devolvio toda la plata y me puse contento. Alan se puso contento y todos terminamos contentos, porque Aroma se salvo de un juicio y yo de sentirme 30 shekel mas pobre.

Despues vino lo que tenia que venir, un viaje en avion y una espera eterna en el aeropuerto de Barajas y un cruce del Atlantico que me llevo a casa.
Fin.
Brian.