miércoles, diciembre 18, 2013

LA CARA DEL INFIERNO ME ACOMPAÑA POR RIVADAVIA


Este mes de estar en casa por licencia medica me ha convertido en el rey de la no anecdota. Nada de lo que haga despues de abrir los ojos a la primer hora de mi mañana puede ser catalogado de memorable, pero aun asi, intentaremos hacerlo.

A continuacion, esta entrada sera la primer no anecdota exageradas hasta los limites que puedan generar mis dedos (e imaginacion si es necesario utilizar).

LA CARA DEL INFIERNO ME ACOMPAÑA POR RIVADAVIA

No podia seguir en casa. Debia salir y volver a respirar la libertad de los hombres. Aquella libertad por la que San Martin, Bolivar y hasta Washintong pelearon hasta la muerte o al menos la muert de miles de esclavos del autoritarismo europeo hijo de puta. Mis pulmones necesitaban conocer que habia mas alla de la puerta de este palacio en el que vivo y en el que estoy confinado desde principios de este mes en el que el año 2013 agoniza y da sus ultimos suspiros y jadeos. Maldigo escupiendo furia cuando recuerdo el momento en el que cai y la desgracia me beso, luego de aquella jugada en la que eludi a todos mis enemigos (e incluso compañeros de mismo eqiupo) en el coliseo del basket. Mi pie se esguinzo, pero no fue solo una torcedura de carne, ligamentos y huesos, fue un esguince a mi libertad y ayer la volvi a recuperar. Unicamente tenia un obstaculo: los millones de grados que escupia la cara del infierno en la avenida Rivadavia.

Tome mi mochila, la abasteci de todas las armas que un alma guerrera pueda llegar a utilizar frente a las llamas que habitaban en la avenida mas larga no solo del mundo sino del universo y de los siglos y los siglos (en realidad, la avenida mas larga del mundo es Yonge Street y queda en Toronto -Canada- y tiene 1896 km, ¿que interesante no?). Y camine. 

El todopoderoso rey sol me miraba y se reia. Mi tobillo, aun no sanado, hacia oidos sordos y saboreaba cada paso mas y mas. La libertad inundaba mis pulmones, mi sangre, cada particula de mi ser. Ya no transpiraba como un asno, sino trasnpiraba libertad, odas e himnos iban a ser escritos acerca de este viaje, de estas cuadras caminadas como nadie las camino y caminara jamas.

Llego a mi destino. Aquel templo del comercio y el ocio me abria sus brazos. Un aire tan frio como el cadaver de Santa Claus me recibio, bañandome de frescura y una extraña calidez. Estaba en un lugar seguro de aquel infierno aunque estaba a metros nada mas. Me siento en mi establecimiento de comidas y bebidas preferido. Pido una coca cola con hielo. Descanso. Un largo viaje me esperaba hacia casa.

FIN
Brian.

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