jueves, septiembre 05, 2019

Subasta








Mi jefe abrio la puerta de la oficina y me dice "Brian, me podes acompañar a comprar mandarinas?". Al principio no entendi, pero me levante, me puse la campera y lo acompañe.

En el camino hacia la fruteria, me pregunta si le puedo hacer un favor. Le digo que si y me comenta que tengo que ir a una subasta a comprar un cuadro, el cual descubrio estaba muy por debajo de su valor por medio de un amigo.

"25.000 pesos deberia valer, pero aparece en el catalogo de la subasta por 400" me dice. "Vos tenes que ir, ofrecer 450 y te vas, te copa?". Dije bueno y puse mi mejor cara de nada.

La subasta fue al otro dia por una casa de remates en el barrio de Recoleta. El lugar era amplio y lleno de muebles y cuadros de abuelo. El salon donde se iba a hacer la subasta era largo con 100 asientos y un escenario. Yo me sente en el medio, pero enseguida, ni bien empezo la subasta, me di cuenta que fue un error.

La dinamica del evento es super vertiginosa. El rematador ofrece un producto, dice su precio, acepta las ofertas y si hay una puja, sube el precio mas rapido que un rayo. El cuadro que tenia que comprar era el lote 351 y la subasta arrancaba en el 250, pero en 50 minutos hizo los 100 remates.

Las cosas que se remataron ese dia eran bastante comunes. Un juego de platos, un cuadro de un paisaje o unos elefantitos de ceramica. Los precios iban de 500 pesos a 8000, pero lo que mas plata alcanzaban las pujas era con los ponchos. Los ponchos arrancaban en minimo 40.000 pesos y algunos llegaban a pasar los 100.000. En esas pujas, me di cuenta que habia cometido el error de sentarme en el medio. Los que peleaban los precios de los ponchos se sentaban atras para tener en cuenta todo el movimiento de la sala.

Cuando llego el turno del cuadro que tenia que comprar, el rematador dice que su valor es 300 pesos, osea 100 pesos menos que lo que tenia entendido. Mi jefe, antes de entrar, me dijo que si alguien aparecia a pelear por el cuadro, ofreciera hasta 2.000 pesos, por eso, pense que todo iba a ser mas sencillo.

Pero NO!

Ni bien levante la mano luego que el tasador dijera 300, una señora al costado dijo "900". No tuve mucho tiempo para sorprenderme y levante la mano otra vez para ofrecer 1.000. La señora dijo 1.100. Yo, 1.200. Ella, 1.300. Yo devuelta 1.400. La señora 1.500. Sabia que hasta 2.000 podia ofrecer, por eso no dude y dije 1.600. El tasador la miro y le dijo "1.700?". La señora dijo no moviendo la cabeza y el cuadro era mio (o de mi jefe). La cantidad de adrenalina que me corria por el cuerpo despues de haber ganado la subasta podria haber matado una ballena. Sentia que habia corrido 30 cuadras en 20 segundos.

Salgo de la casa de remates y me encuentro con mi jefe. Le digo que mañana podia pasar a buscar el cuadro y nos volvemos a la oficina.

Al otro dia, volvemos. El se queda en la esquina y yo entro. Pregunto donde puedo pagar el cuadro y me dicen en la oficina de arriba. Subo las escaleras y habia dos oficinitas. En una estaba la caja (y un hombre pagando 90.000 pesos con billetes de 500) y en la otra... la señora que me habia peleado el precio por el cuadro. Esa señora me pregunta "esta para abonar joven?". "Si" le dije y me rei.

Pague, me dan el recibo y voy al salon donde se hizo la subasta a buscar el cuadro. Era chiquito. Feo. Nadie se podia imaginar que valiera 1.600 pesos o 25.000 lo que valia en realidad.

Salgo del lugar y me encuentro a mi jefe en la esquina. Me invita a comer unos panchos y despues de limpiarse mostaza de los bigotes me dice "sabes que quizas esto vale 2.000 dolares?".
Brian.

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